De muchos días se hace el día, una horatiene minutos atrasados que llegaron y el día se forma con extravagantes olvidos, con metales, cristales, ropa que siguió en los rincones,
predicciones, mensajes que no llegaron nunca. El día es un estanque en el bosque futuro, esperando, poblándose de hojas, de advertencias,
de sonidos opacos que entraron en el agua como piedras celestes.
A la orilla
quedan las huellas doradas del zorro vespertino que como un pequeño rey rápido quiere la guerra: el día acumula en su luz briznas, murmullos:
todo surge de pronto como una vestidura que es nuestra, es el fulgor acumulado
que aguardaba y que muere por orden de la noche volcándose en la sombra.
Pablo Neruda
(Imagen: R. Magritte)