domingo, enero 20

Soneto XXIII

Fue luz el fuego y pan la luna rencorosa,
el jazmín duplicó su estrellado secreto,
y del terrible amor las suaves manos puras
dieron paz a mis ojos y sol a mis sentidos.
Oh amor, cómo de pronto, de las desgarraduras
hiciste el edificio de la dulce firmeza,
derrotaste las uñas malignas y celosas
y hoy frente al mundo somos como una sola vida.
Así fue, así es y así será hasta cuando,
salvaje y dulce amor, bienamada Matilde,
el tiempo nos señale la flor final del día.
Sin ti, sin mí, sin luz ya no seremos:
entonces más allá de la tierra y la sombra
el resplandor de nuestro amor seguirá vivo.
Pablo Neruda
(Imagen: Tiziano, Venus de Urbino)

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Hay luces eternas, como la de Pablo, como la tuya.
Besos iluminados.

1:03 a. m.  
Blogger Luz said...

Cómo vas Eri?? Tanto tiempo!!!
Besos y abrazos!!!

2:11 p. m.  

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